El hombre verde de Fowles

Siendo hija única, nunca he tenido a nadie con quien compartir mis juguetes ni mis juegos. De hecho, siempre he estado rodeada de adultos que, por artrosis o cansancio, rara vez se motivaban a jugar conmigo.
Creci en casa de mis abuelos, en una pequeña morada disfuncional ubicada en el límite de la ciudad, donde el campo empieza a dominar el paisaje.
Mis abuelos tenían un pequeño huerto okupa cerca de su casa, donde plantaban habas, tomates, zanahorias y repollos.
Luego también se dedicaban a robar la fruta de las árboles sin dueño, que nos regalaban dulces naranjos, almendras y algarrobas. El níspero del vecino también era asaltado muy a menudo.

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